¿Te cuesta pedir ayuda? Descubre qué se encuentra detrás de esa resistencia

Si te cuesta pedir ayuda este artículo es para ti. últimamente es un tema que sale mucho a relucir es sesiones: nos cuesta la vida ponernos en esa situación de «dependencia» en la que le mostramos a alguien que no somos superwoman en todos los puñeteros ángulos de nuestra vida, y que por muy independientes, válidas, fuertes y maravillosas que seamos, hay ocasiones en las que aún precisamos pedir ayuda a otra persona. Razones puede haber muchas, del mismo modo que también notarás resistencias.

Hoy te invito a mirarte con curiosidad y amor para tratar de conectar las piezas que faltan y ver qué puede estar interponiendose en tu camino hacia una comunicación abierta y esa seguridad completa tanto en el dar como en el recibir. Vamos a ello.

 

Pedir ayuda

Empecemos visualizando un niño o una niña pequeña. No sé si tienes hijos, hermanos, sobrinos o vecinos, pero seguro que alguien te ha venido a la mente. Cuando estamos en edades más tempranas pedir ayuda es algo necesario, ese niño o niña que tienes en mente pide ayuda de manera habitual con lenguaje verbal y no verbal porque lo necesita. Necesita que le cuiden, le alimenten, le den cobijo, le enseñen… pero en el momento en el que empieza a desarrollarse el «yo» y la personalidad o «personaje», empieza a resultar más trabajoso el hecho de afrontar que no nos valemos solos.

Pedir ayuda y la falta de autoestima

 

La dificultad para pedir ayuda suele generar en quien la sufre unos altos niveles de estrés emocional y mental por no hablar de sentimientos de soledad, aislamiento del entorno y frustración. El miedo al rechazo crea una enorme inseguridad ante la posible negativa o imposibilidad del otro para ayudarnos.

 

La sociedad nos enseña a que hemos de ser independientes y vemos mejor a alguien que no necesita ayuda de nadie, a quien es «dependiente» de la ayuda de otras personas. Una parte importante de madurar es aprender a ser responsable de nuestras propias necesidades y esto lo malentendemos: no significa que necesitemos saber hacer todo solas, sino que tenemos que tomar responsabilidad y hacernos cargo tanto de lo que sabemos como de lo que no —y este ultimo caso, saber a quién, cómo y cuándo pedir ayuda—. Es importante mentalizarse de que pedir ayuda está en nuestros derechos, y seguramente, aparte de ser útil para una misma, ayude a hacer feliz a las personas que nos rodean.

Vamos a bucear en cuales son las principales causas y qué hay de ellas en tu caso:

 

Creencias limitantes

Puede que desde niña hayas aprendido de manera subliminal (o directa) que el tiempo de los demás es más importante que el tuyo y que por esa razón te cueste pedirle a otra persona que invierta parte de ese tiempo en echarte a ti un cable. Quizá hay una parte de ti que piensa que pedir ayuda está ligado a ser menos válida, fuerte o «perfecta». Te invito a explorar qué creencias pueden estar interponiéndose en tu camino cuando te planteas pedir ayuda.

 

Escribe tus intenciones

 

Responde:

¿Qué creencias se interponen en mi camino si pienso en pedir ayuda o favores? Anota en un papel todas las que se te ocurran.

 

 

 

Falta de autoestima

En relación con lo anterior, no ser capaz de pedir ayuda está relacionado con una baja autoestima, porque como bien decíamos infravalora y omite las propias necesidades, anteponiendo las de los demás. De hecho nos cuesta mucho detectar cuáles son nuestras necesidades y esa falta de claridad crea ruido interno, además de que nos impide crear una comunicación consciente y realista de quién eres y qué necesitas.

 

Pedir ayuda orgullo

 

Generalmente cuando andamos con el autoestima bajo nuestros niveles de autoexigencia están más altos de lo habitual, lo que aumenta la sensación de estrés y ansiedad en cuerpo y mente. Pedir ayuda a otra persona puede ser interpretado como una confirmación de inferioridad o debilidad. Hablaremos del perfeccionismo pronto y de esa alta autoexigencia, porque tenemos tema de conversación para rato.

Responde:

¿Qué parte de ti busca no admiotir o asumir la propia vulnerabilidad o necesidad de ayuda? Trata de explorar y bucear tanto como puedas, quizá encuentras oro 😉

 

 

A veces pecamos de orgullo

El orgullo es una de las principales causas para no pedir ayuda. Es muy satisfactorio hacer algo por una misma, superarse, validarse, etc, pero esto es un arma de doble filo. Y es que el orgullo está ligado al ego, y el ego es el enemigo del progreso.

 

A veces pecamos de orgullo y no: pedir ayuda es importante

 

¿Por qué? Porque para evolucionar y progresar hace falta estar abiertas a fracasar, a fallar y a aprender. Cuando estamos aferradas al ego u orgullo no hay espacio para tales cosas. Alguien orgulloso no admite un error, ¿verdad? Tampoco admite o pide ayuda porque sería admitir que no sabe hacerlo bien, que no sabe hacerlo sola, o que no sabe hacerlo y punto.

Ojo y no hablamos de pedir ayuda para aprender a hacer algo, también puedes necesitar ayuda para que alguien recoja los niños del cole, o para encontrar un conjunto que te siente bien, o quizá es la gestión emocional lo que más te cuesta y pedir ayuda a un profesional es lo que te está costando. Todas las necesidades son igual de validas, y tienes el derecho y el deber de cubrirlas.

Responde:

¿Hay algo de orgullo en tu «me cuesta mucho pedir ayuda»? ¿De dónde viene? ¿Para qué está ahí? ¿Qué te roba? ¿Te gusta? Desarrolla cuanto puedas.

 

Miedo al rechazo

Los miedos, tan ligados a nuestras creencias limitantes y a nuestras experiencias pasadas siempre están intentando mantenernos a salvo. Ojo, a salvo que no felices, ni plenas ni evolucionadas. A salvo y punto.

A veces no pedimos ayuda por el mimo motivo que no le decimos a alguien que nos gusta que si quiere salir a tomar algo con nosotras: por si nos dice que no. Y si tienes miedo al rechazo esa negativa puede sentirse dolorosa y traumática.

 

Soltar autoexigencia... cuando no estoy bien

 

Además, ya que hemos hablado del autoestima te invito a observar lo siguiente: a todos nos gusta sentirnos gente guay. Si nos rechazan la realidad choca con nuestro autoconcepto. ¿Cómo voy a ser guay si no le gusto a la gente? Si le gustara diría que sí. Esta disyuntiva  genera disonancia, conflicto mental y sí, afecta a tu autoestima. Mina tu orgullo. No eres tan guay como crees o quieres. Para evitar ese conflicto no te expones socialmente y no pides o expresas tus necesidades. ¿Te suena?

Responde:

¿Tienes miedo al rechazo? ¿Qué emoción sale a flote cuando te rechazan? ¿Cómo gestionas por lo general esa emoción? ¿Te es fácil o te desagrada? Desarrolla tanto como puedas.

 

Pedir ayuda es de valientes

No lo digo en broma, ¿eh? sino totalmente en serio. Hace falta valentía para afrontar el miedo a ser rechazada, a reconocer que eres humana y no perfecta, que tienes necesidades para las cuales necesitas ayuda si las quieres cubrir (y todo esto sin despeinarte). La buena noticia es que la mente es plástica y podemos aprender a pedir ayuda y a sacar valentía de los bolsillos.

 

 

Te reto a ser valiente

¿Aceptarías el reto de romper barreras y pedir ayuda alguien una vez al día durante los próximos 7 días?

Haz una lista de «favores» o necesidades que has estado evitando expresar y durante la próxima semana enfréntate a un reto diario eligiendo a quién, cómo y cuándo vas a pedir ayuda para ir practicando.

 

Yo también tuve que aprender a pedir ayuda y delegar, por eso sé que es posible y que hacerlo, aporta mucha paz y bienestar a tu vida ♥

¿Me cuentas tus impresiones en comentarios? ¡Te leo!

 

Espero haberte inspirado a ser un poco más feliz hoy, gracias por pasarte por aquí.

La semana que viene hablaremos sobre la gestión del estrés.

Ah, y recuerda:

JUNTXS SOMOS MÁS FUERTES

 

Pide ayuda: juntas somos más fuertes

Deja un comentario. ¡Me encantará leerte!